Por qué escribo
Tantos escritores, supongo que todos, han contestado a esta pregunta... Quizá por ello la respuesta se convierte en trivial o redundante, ya no deja posos para una intención original o novedosa. Creo que con cada obra terminada, he intentado responderme. “Vivir otras vidas”, “hacer valer mi interior”, “mientras escribes, la muerte no existe”, “escribo porque tengo miedo”... son frases de autores que contestan en ese momento, ese momento, con una vibración concreta que suele cambiar su frecuencia hasta mil veces en la vida, quizá más.
No escribo por una intención razonada. El acto de escribir es en mí compulsivo. Puedo razonarlo después, pero cada vez que lo hago la respuesta es diferente, por lo tanto, o no sirve, o sirven también todas las demás, también las contradictorias, y haría una lista interminable. Mi interpretación: esa intención no surge de la mente. La mente es capciosa, engañadora sutilmente porque responde al ego, y no es la mejor carta de presentación para quien escribe. Naturalmente, el ego va a embaucar y motivar todas sus razones para que parezcan otras.
Escribir me nace en el corazón. Sé que los racionalistas científicos terrenales están sonriendo mientras leen esta frase. Suerte que este texto no es interactivo :), nos evitamos así un diálogo largo y enriquecedor, pero poco eficaz. El corazón no piensa, siente, y se rige por recursos intuitivos que después se estructuran mentalmente para que por la mente lleguen a los lectores (podríamos debatir sobre el método de la poesía), que lo entenderán por donde más abierta tengan la vía, ojalá que por el mismo camino que quien escribe ha transitado, pues de esa manera la placidez se convierte en larga y duradera.
